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Mareo Rodríguez

Mario Rodríguez “Mareo” (1981) es un arquitecto y artista visual nacido en la Ciudad de México, creció en Medellín, Colombia y actualmente se encuentra radicado en Barcelona, España.

 

Su obra es una mirada a la materia, a la topografía y al territorio natural concebido como un ser vivo, latente y en constante movimiento; construcción epidérmica labrada y desgastada por el tiempo, con un ritmo y un lenguaje telúrico propio, que emerge, pulsa, gravita y genera diferentes tensiones revelándose a través del paisaje.

 

“El arte es un lenguaje y una vía de comunicación directa con la fuente superior; el artista entonces no es más que un canal para materializar, transmitir ese mensaje y tocar almas.”

Mareo.

 

Existen dos ejes proyectuales dentro de su proceso de creación: La pintura responde a un método más orgánico, subconsciente y expresivo, donde el acrílico acuoso se desliza rápidamente con la espátula entre veladuras y texturas, revelando paisajes no preconcebidos; en contraparte sus esculturas responden a un proceso de trabajo más racional y geométrico en el que maderas, metales, poli estireno y resinas sirven como medio para plasmar abstracciones de pliegues, montañas y topografías emergentes.

 

“Mis paisajes van más allá de un territorio físico; son estados de meditación, lugares emocionales y una constante búsqueda espiritual, donde luz y oscuridad batallan en planos terrenales y etéreos.”

Mareo

 

Mareo concibe su obra como un laboratorio en constante exploración, en que diferentes lenguajes enriquecen su discurso y evidencian la fuerza, energía y vitalidad del territorio natural.

 

Sus pinturas se definen por la relación y el juego constante entre llenos y vacíos. Nos hablan de atmósferas, de infinitos, de ausencias y de sensaciones a través de la yuxtaposición de la composición cromática de negro, gris y blanco.

 

El artista pone en evidencia la tensión constante entre los esquemas elementales de los espacios vacíos en el mundo natural y sus cualidades transitorias a través de la transformación de la materia.

 

Su uso de una gama principalmente monocromática o dicromática tanto en escultura como pintura nos habla de una serenidad inalterable que habita en los elementos naturales en los que se inspira. Logra remitirnos a estas sensaciones a través de la cuidadosa composición de pocos elementos con una sutileza y simpleza extraordinarias.